"Cine o sardina" es un libro de Guillermo Cabrera Infante sobre crítica cinematográfica. Una de las grandes pasiones del autor cubano. De unas 400 páginas, el libro es una compilación muy parecida a aquellas críticas culturales escritas por otro gran autor, Alejo Carpentier. El título "Cine o sardina" se debe a que cuando Cabrera Infante era niño en su natal Habana, cada domingo su madre le preguntaba si prefería cine o sardina. El presupueto familiar solamente alcanzaba para una de las dos opciones. GCI siempre escogía cine.
El día de hoy me acordé de dicho libro. Pasamos por tiempos dificiles y en honor al autor cubano (al menos eso me gusta pensar) me vi en la necesidad de hacer una elección similar a la que él hacia de niño. Sin pretender compararme con GCI o AC haré un pequeño relato de la película que vi en el cine.
Push (Heroes) es una película del director escoses Paul McGuian, filmada completamente en Hong Kong. A pesar de contar con algunos autores bien cotizados como Dakota Fanning (Taken), Chris Evans (The rise of the silver surfer) y Djimon Hounsou (Eragon); la película parecería ser de bajo presupuesto. Con un argumento muy parecido a los X-Men, Push se parece más a las películas de artes marciales chinas y coreanas, o a aquel primer Mariachi de Robert Rodriguez, que a un éxito de Hollywood.
Las imagenes de Hong Kong son estupendas, las locaciones son completamente auténticas: moteles baratos, mercados de peces, comederos callejeros, canchas barriales de basketball, edificios en construcción. En ese sentido se pueden percibir las atmosferas cotidianas de aquella ciudad que hasta hace unos años era protectorado británico.
Podriamos decir que Push es una película más de superheroes, filmada en Hong Kong, sin tantos close-ups y que parece filmada en video.
Cuando era estudiante (lo sigo siendo pero ya no me la creo) solía reunirme con varios de mis compañeros en un bar de la colonia Juarez llamado "El Milan". Un bar que a mi parecer tiene los mejores mojitos de la ciudad. Todos los jueves nos reuniamos ahí estudiantes de economía y ciencia política del ITAM ha bailar y tomar una (o algunas) de estas infusiones espirituosas. Además de los mojitos, entre los grandes atractivos del lugar propiedad del actor Daniel Jimenes Cacho, se encontraba la música. No es que tuviera grandes DJs o algo por el estilo, pero tenía un buen disco quemado (solo uno) con rolas que a todos nos gustaban. Entre las rolas se encontraba "Mescecina" del soundtark de la película Underground, del director "yugoslavo" Emir Kusturica.
El día de hoy aparece en El País una entrevista a Goran Bregovic, compositor de dicha pieza, qien cuenta que en un viaje a Argentina, ". . . al llegar al hotel me dieron un sobre que me habían dejado de parte de Sábato. Contenía un libro, Sobre héroes y tumbas, y una carta en la que me pedía disculpas por no acudir al concierto. Me explicaba que mi música le había salvado en momentos de depresión. Lo curioso es que cuando hice el servicio militar en Nis, en la época comunista, robé de la biblioteca del cuartel un ejemplar de ese libro. Lo tuve en mi casa de Sarajevo durante años y lo perdí. Con la guerra perdí todo, también mi biblioteca. Puedes empezar dos veces tu vida, pero no puedes empezar dos veces una biblioteca. Todas las cosas grandes que me han pasado están guiadas por cosas pequeñas que se vuelven grandes, como el libro de Sábato. . . "
Recientemente la ONG colombiana Conexión Colombia , lanzó una campaña donde se pregunta "¿Con qué cuentos están creciendo nuestros niños?". La campaña muestra varios posters con dibujos de personajes de cuentos clásicos como la Cenicienta, Caperucita Roja y la Bella y la Bestia, en ambientes urbanos y sórdidos de abuso infantil. La segunda parte del slogan es una petición que dice: "ayudanos a reescribir está historia". Aunque la campaña de Conexión Colombia apela por "reescribir la historia" de manera real, en el sentido de eliminar las condiciones de explotación de los niños, es muy interesante la utilización que hace de los cuentos clásicos.
En el caso de la Caperucita Roja, parece ser que la historia original, parte del flolklor europeo, se trataba justamente de una niña que era prostituida o que enfrentaba los peligros de la predación sexual, personificados por el lobo. Fue el mismo Perrault quien añadió la capucha color rojo para hacer más explícito el mensaje y moralizar un poco respecto a estos peligros que hasta hoy día enfrenta la infancia. En otras versiones parece que la abuelita, lejos de ser dulce y protectora, es precisamente la predadora convertida en lobo. Gabriel García Marquez (por cierto colombiano) escribió sobre este tema en "La triste historia de la candida Herendira y su abuela desalmada", así como en "Historias de mis putas tristes". Lydia Cacho también nos entregó un libro desgarrador (por real) sobre este tema. Su historia y lucha legal es muy bien conocida.
En términos literarios la Caperucita Roja ha recibido tratamientos de la más diversa índole. Uno muy interesante es la película de animación Hoodwinked, subtitulada como "la verdadera historia de caperucita roja". Para la formación lectora (y no necesariamente moral) de los niños, puede resultar muy efectiva. Los guionistas situan la trama de caperucita roja dentro de una historia de detectives al estilo de Agatha Christie, logrando una estructura por demás sofisticada. El tema es adecuado para niños ya que en vez de investigar sobre un asesinato (donde el obvio asesino es el mayordomo), el crimen a investigar es el robo de recetas de galletas. La acción es un interragatorio policiaco donde cuatro personajes (caperucita, el lobo, la abuelita y el leñador) dan su versión de los hechos. La narraciones de cada uno de los personajes se presentan en forma de flashbacks, con flashbacks dentro de los flashbacks. Recurso utilizado por Akira Kurosawa en Rashomon. Respecto a la verdad de los hechos la película inicia con la imagen de un libro que en su portada tiene una ilustración más o menos siniestra del lobo a punto de comerce a Caperucita y un narrador que dice: "Caperucita Roja, usted tal vés conozca la historia. Pero cada historia está sujeta a interpretaciones. No es posible conocer un libro por su portada, para conocer la verdad es necesario adentrase entre sus páginas. . ."
Muy al caso viene una reflexión de Umberto Eco:
" . . . un relato policial puede adquirir una estructura que permita que sus lectores elijan cada uno su propia solución y decidan al final si el culpable es el mayordomo, el obispo, el detective, el narrador, el autor o el lector. De ese modo pueden construir su novela personal. . . El útimo límite de la textualidad libre es un texto que en su origen está cerrado, por ejemplo Caperucita Roja o Las mil y una noches, y que yo, el lector, puedo modificar de acuerdo con mis inclinaciones, hasta elaborar un segundo texto, que ya no es el mismo . . . nada nos impide escribir un relato en el cual Caperucita Roja devora al lobo. Nada nos impide reunir relatos diferentes en una especie de rompecabezas narrativo. Pero esto no tiene nada que ver con la función real de los libros y con sus encantos profundos . . . Un libro nos ofrece un texto abierto a múltiples interpretaciones, pero nos dice algo que no puede ser modificado. Supongamos que estamos leyendo La guerra y la paz de Tolstoi . . . con la novela La guerra y la paz, que ya está escrita en su forma definitiva, no podemos ejercer las posibilidades ilimitadas de nuestra imaginación sino que nos enfrentamos a las severas leyes que gobiernan la vida y la muerte." (Resistirá, Diario Página/12, Buenos Aires, 7 de Diciembre de 2003)
Cuando era niño los cines tenían un precio controlado, lo que significaba que el gobierno dictaba cuánto "debía costar el cine", fijaba el precio por boleto. Ahora como adulto, y después de haber pasado buena parte de mi juventud estudiando economía, (no me mal interpreten aún soy joven), comprendo que el control de precios ocasionaba que los cines estuvieran en permanente mal estado. No había las grandes cadenas de salas que hay hoy día, o si las había (como el caso de los Cinemas Ramirez, ahora Cinepolis) eran incomadas, no muy limpias, con mal sonido y mala imagen. Los estrenos (hay que decirlo) tardaban varios meses o hasta un año en llegar a salas mexicanas, mientras que el cine nacional pasaba por su periodo "de ficheras", donde le leitmotiv eran las prostitutas y los criminales.
No todo era malo. Eran también los tiempos de la "permanencia voluntaria" y de funciones donde se exhibian hasta tres distintas peliculas al hilo. Lo que permitía pasarse más seis horas en el cine una tarde de domingo. Todo por el precio de un solo boleto. Entre mis mejores recuerdos cinefilos de esa epoca, están los cines exclusivamente para niños. En especial recuerdo el Cine Continental en Xola y Av. Coyoacan, el cual tenía una fachada que asemejaba el Castillo de Disney. En esa sala pude ver E.T. y la trilogía ochentera de Star Wars. . . eran tiempos de crisis . . .
Este verano no hay muy buen cine, pero hay muchísimo. Casi todo dirigido a jóvenes y niños. Entre los títulos se encuentra la segunda película de Hellboy, dirigida por Guillermo del Toro, con fotografia de Guillermo Navarro. Ambos mexicanos que han triunfado en Hollywood. Hellboy es originalmente un comic que ha sido adaptado al cine, y solo por eso tiene ya algún mérito. Es la historia de un personjae salido del mismo infierno, que se uné a los humanos, en especial a los americanos, para combatir "fenómenos paranormales". Si hubiera que clasificarlo, yo diría que es algo así como terror adolescente. Es un terror que si bien no tendría porque causar miedo a ningún adulto cuerdo (para eso está el periódico), no es sozo, en una palabra, entretiene.
A pesar de todo eso, cuado me pregunto ¿por qué hay que ver Hellboy? o ¿por qué los adolescentes deberían verlo o no verlo? la respuesta me parece dificil. Pensando en aquellos tiempos del precio controlado, a los adultos a mi alrededor les parecía que una película era buena para los niños si "tenía mensaje". Si bien bajo este parámetro "Un grito desesperado" es una obra de arte, no hay que despreciar los esfuerzos que estudios como Pixar, Dreamworks y Disney hacen por entregar justamente eso: un mensaje que transmita algún(os) valor(es). En Hellboy el mensaje o transmisión de algún valor es sumamente difuso.
En lo personal me costó trabajo saber cuáles eran los buenos y cuáles los malos y tal ves ese sea el mérito de la película. Hellboy (el protagonsita) es la caricatura de un antiheroe muy al estilo de "Harry el Sucio", que se emborracha bebiendo cantidades industriales de cerveza Tecate. Mientras que su antagonista es un principe de gran disciplina, paciencia y entrega que defiende los bosques, en especial a sus criaturas fantásticas. . . ¿de qué lado estarían?
Por otro lado y pasando a temas más académicos: La película esta plagada de referencias intertextuales. Sin duda del Toro hace gala de su erudición literaria y cinematográfica. La película parece un encuentro entre Julio Verne y el Señor de los Anillos. En la historia conviven máquinas (mecánicas que no digitales) con hechizos y maldiciones. Elfos y hadas conviven con escafandras y otros artefactos muy al estilo de "20 mil leguas de viaje submarino". Ya en otras ocasiones del Toro nos ha mostrado el encuentro de la mecánica con la fantasía. Entre sus simbolos favoritos se encuentran los engranes, y en Hellboy nos entrega una escena que recuerda el "Tiempos Modernos" de Chaplin, aderezado con cine de vampiros. Tal como lo hizo en Cronos.
También hay continuas citas al cine de terror. Durante la película se logran ver pantallas de televisión con imágenes en blanco y negro de películas antiguas y programas viejos de televisión. En especial resalta un close-up del Frankestein de 1931. Mas que las tomas viejas, es el mismo televisor que causa miedo. Caja idiota que perdura. Entre las película más obscuras del genero se encuentra "Indestructuble man", película de 1956 que empieza con una leyenda que pregona que el sueñó (o pesadilla) de Julio Verne, Mary Shelley, H.G. Wells se ha vuelto realidad. En Hellboy aparece un ejercito mecánico formado por soldados "industructibles" con U. Todo esto, quiero suponer, se debe a la inmersión de del Toro en la cultura de Los Angeles, su homenaje a Hollywood. El guión fue escrito por él mismo, junto con Mike Mignola, creador del comic. Es así como, si analizamos Hellboy como producto industrial resulta fascinante. Aunque me hace sentir como Charlie en la fábrica de chocolates, un poco empachado.
Finalmente, están los guiños mexicanos. Desde la borrachera con cerveza Tecate, por cierto light. Pasando por un sórdido elfo, sin piernas, que se arrastra en un carrito (del tipo de la gente de la calle retratada por Carlos Fuentes en Cristobal Nonato). Hasta una imagen (pagana) de la Muerte, que bien pudo ser inspirada por aquella (sagrada para algunos) adorada en el Barrio de Tepito.
Si me preguntan por qué hay que ver Hellboy les diría . . . simplemente porque esta ahí. . .